Orlando Corzo C.
Uno de los mayores honores y reconocimientos que se puede rendir a los intelectuales es denominar a las bibliotecas con su nombre.

Inauguración de Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa de Arequipa. 24 marzo 2010
El 24 de marzo del 2010 se inauguró en Arequipa la biblioteca regional Mario Vargas Llosa por parte de Gobierno Regional de Arequipa. Anteriormente, en febrero del 2008 se creó el Instituto Mario Vargas Llosa en Piura, sin olvidar que la biblioteca de la recientemente creada Casa de la Literatura, ubicada en la antigua estación de Desamparados, lleva el nombre de nuestro más laureado escritor.

Biblioteca Mario Vargas LLosa de la Casa de la Literatura - Lima

Biblioteca Vargas Llosa del Instituto Cervantes de Berlín. Foto Patricia Sevilla

Biblioteca Vargas Llosa dela Municipalidad de La Solana, España
No sólo en el Perú se denominan bibliotecas con su nombre, por mencionar algunos ejemplos tenemos a la biblioteca del Instituto Cervantes de Berlín y la biblioteca municipal de La Solana en España.
Mario Vargas Llosa tiene una larga y entrañable relación con las bibliotecas. Las bibliotecas están presentes en sus lecturas iniciales para definir su vocación de escritor, son también lugar de trabajo en todo el mundo, bibliotecas que lo maravillan y acogen por largas temporadas mientras lee, investiga y escribe sus libros, y; como para no sorprenderse, también laboró un tiempo en una biblioteca peruana, catalogando libros en la biblioteca del Club Nacional, trabajo encargado por el maestro Raúl Porras Barrenechea, quien era miembro del directorio del Club con el encargo de la biblioteca.
Por su oficio, no es de extrañar que su casa de Barranco albergue una biblioteca con alrededor de 18.000 libros.
El nombrar bibliotecas, salas de lectura y casas de cultura con el nombre de Mario Vargas Llosa hace justicia a un intelectual cuya vida ligada a los libros, la lectura y las bibliotecas se puede constatar en varios pasajes de su biografía.
A continuación una apretada selección de escritos de Mario Vargas Llosa en el que se encuentran descripciones referidas a su relación con las bibliotecas.

Mario Vargas Llosa en la biblioteca Miguel Cané donde trabajó Jorge Luis Borges
Vargas Llosa y sus andanzas por las Bibliotecas del mundo
Una biblioteca tiene una múltiple función y puede enriquecer la vida de los seres humanos en una vida que hoy es rutinaria. Basta con estar en una biblioteca para que la vida se convierta en aventura absolutamente vital.
El tiempo no corre en la biblioteca del mismo modo que fuera de ella. Allí, el tiempo es una materia que circula. El pasado, presente y futuro coexisten. Es, además, un lugar que nos permite viajar, trasladarnos a otros mundos.
Una buena biblioteca es más que un archivo de libros. Es también un lugar donde soñar y fantasear. Es en sí un objeto mágico como ese Aleph que figura en los cuentos de Borges. Ese pequeño Aleph en el que está representado el universo.
La biblioteca favorita de Vargas Llosa, aquel lugar de estímulo para la fantasía e imaginación donde escribió la mayoría de sus libros y que enriqueció su propia condición de ser humano, era la desaparecida British Library, con su cúpula, su olor a cuero y a papel y el ruidito de las carrocitas que llevaban los libros, que ha sido sustituida por un edificio que, según el escritor, se lleva el récord como la biblioteca más fea del mundo.
De la Biblioteca Nacional de Madrid, que conoció como estudiante en la época del franquismo, recordó que no tenía calefacción y que en invierno había que leer a veces con guantes y, además, el detalle curioso de que para poder leer una novela de caballería había que conseguir una autorización arzobispal.
Alguien había logrado crear la idea de que las novelas de caballería eran peligrosas para la salud espiritual de los lectores y entonces había que conseguir recomendaciones de profesores para lograr después la autorización del arzobispo, recordó Vargas Llosa, que reconoció que esas complicaciones le daban un morbo adicional a la lectura.
El escritor peruano también recordó la vieja biblioteca de la Place Larrouse en París, que fue reemplazada por la Biblioteca Francois Mitterand, a la que Vargas Llosa describió como obra de arquitectos sin duda muy destacados y originales, pero sin ninguna experiencia como lectores. (Fragmentos de reseñas publicadas en diarios del Discurso pronunciado por Mario Vargas Llosa en el Aniversario 75 del Instituto Iberoamericano de Berlín, en Octubre de 2005.)
La Biblioteca de San Marcos
En aquella aula de la vieja San Marcos —era el año 1953 o 1954— el profesor de Literatura Española del Siglo de Oro despachó una rápida diatriba contra las novelas de caballerías que —averigüé después— había tomado de Menéndez y Pelayo. El espíritu de contradicción con que he nacido me llevó a la añosa biblioteca llena de telarañas de la casona sanmarquina y el azar, o Dios, si existe, puso en mis manos la edición del Tirant lo Blanc de Joanot Martorell publicada por Martí de Riquer en 1947.
Leer ese libro fue una aventura que, creo, cambió para siempre la vida del furioso lector que ya era y del escritor que soñaba con ser.
No sólo gocé sumido en las épicas, risueñas, disparatadas, sensuales y delirantes hazañas de Tirant y su corte. También, gracias a ellas, descubrí esa vocación proliferante y deicida de la novela, su irresistible propensión a crecer y multiplicarse, enfrentando al mundo, a la vida, a la historia una réplica de imaginación y de palabras que los imita a la vez que los niega, que desafía a Dios, rehaciendo —corrigiendo, mejorando o empeorando— la realidad que creó. (Fragmento del Prólogo al libro de ensayos: “Carta de batalla por Tirant lo Blanc”)

- Mario Vargas Llosa en biblioteca de su casa de Barranco luciendo traje de papel reciclado
La Biblioteca del Club Nacional
Descubrí la literatura erótica cuando era estudiante universitario, de una manera casual. Conseguí un trabajo de ayudante de bibliotecario de un club social de Lima muy activo, el Club Nacional, el de la gente rica. Mi maestro de historia era el bibliotecario de ese club y me contrató como ayudante. Mi labor consistía en ir dos horas al día a fichar los libros que se adquirían. En esa época ya no se hacían muchas adquisiciones, así es que yo aprovechaba esas horas leyendo los libros de la biblioteca del club, que en el pasado había adquirido libros eróticos de gran calidad. Tenían la colección completa de Les Maîtres de lAmour (los maestros del amor), una colección que dirigió en Francia Apollinaire, con muchos libros prologados por él mismo, a veces de una manera muy erudita, siempre muy irónica. Allí descubrí la tradición erótica al más alto nivel literario: Sade, Restif de la Bretonne, John Cleland, el autor de Fanny Hill, Sacher-Masoch, Casanova, por supuesto, allí estaban los tres tomos de sus memorias… Estaban todos. Durante un tiempo, y de una forma un tanto inocente, pensé que ahí estaba la verdadera revolución, que en ese tipo de literatura se estaba gestando una transformación profunda de la sociedad, de la moral, del individuo. Era una idea bastante ingenua de los poderes de la literatura erótica. Descubrí, no obstante, una veta riquísima. Había, por ejemplo, unos tomos con una selección de los cuentos más eróticos de Las mil y una noches. La colección era muy interesante, porque reunía grandes textos eróticos y además daba una perspectiva erótica para acercarse a la literatura en general.
Durante un tiempo leí esos libros con gran pasión. Después supongo que descubrí su gran limitación: la monotonía. La relación sexual enriquece extraordinariamente la vida, pero es limitada. Por más inteligencia que se ponga en renovarla, siempre transcurre en un marco determinado. Y eso da a los textos que son sólo eróticos una gran monotonía, los hace caer en la rutina de lo previsible. Por eso el mejor erotismo es el que aparece en obras que no son sólo eróticas, aquellas en las que lo erótico es un ingrediente dentro de un mundo diverso y complejo. Y eso nos lleva, de nuevo, a la gran literatura. De ahí que pueda decirse que sin erotismo raramente hay gran literatura. Y al revés, una literatura que es sólo erótica difícilmente llega a ser grande. (Fragmento de “Mario Vargas Llosa: “Sin erotismo no hay gran literatura””)

Mario Vargas Llosa en Biblioteca de su casa en Barranco
La Biblioteca como lugar de trabajo
En Londres suelo trabajar en casa, por lo menos medio día, hasta las dos de la tarde. En las tardes voy a la biblioteca, a veces a la British Library (que es muy grande y tiene una fantástica colección), a veces a la London Library (algo más pequeña, privada, pero muy bien ubicada en el centro). Trabajo en bibliotecas desde que era estudiante. Allí voy a leer, investigar, pero también a escribir, para cambiar de ambiente, y porque en las bibliotecas hay silencio, una privacidad que se respeta y una atmósfera estimulante. Pero también hago un horario parecido en otros sitios en que vivo, como París, Madrid o Lima. De lunes a sábado escribo la novela en que estoy trabajando en ese momento y los domingos los dedico a los artículos.
Suelo cumplir un horario estricto: me levanto muy temprano, leo por la mañana una hora, luego hago algo de ejercicio, voy a caminar con mi mujer más o menos una hora en el parque, luego leo periódicos, pues me interesa saber qué pasa en el mundo. A continuación trabajo de corrido hasta las seis o las siete de la noche, y nunca escribo más tarde de esa hora. Trabajo arriba en mi escritorio, allí tengo muchos libros. En las bibliotecas no tengo lugar fijo, ocupo el que me dejan libre, pero no me importa. En la London Library hay algunos sitios más cómodos, unos sillones con tablero, pero son los más solicitados y siempre están ocupados desde que se abre la biblioteca por unos viejecitos muy simpáticos. (Fragmento de “La aventura del orden”.)

Mario Vargas Llosa firmando libros en la Feria de libreros populares Amazonas
La Guerra del fin del Mundo y las bibliotecas
RAS: ¿Qué tipo de material llegaba hasta usted?
MVLL: Creo haber leído prácticamente todo lo que se ha escrito sobre Canudos. Al principio, era muy difícil conseguir los materiales, pero tuve ayuda de gente que usted no se imagina. Uno de ellos fue Alfredo Machado [presidente de la editora brasileña Record], por ejemplo. Usted no sabe el trabajo que Alfredo Machado, que ni siquiera es mi editor, se tomó para ayudarme. Mandó hacer copiar centenares de páginas de artículos, a veces libros enteros, que solamente estaban en bibliotecas de Brasil, y me las hizo llegar. También estoy inmensamente agradecido a una gran amiga mía brasileña, que es Nélida Piñon, quien también me ayudó de una manera extraordinaria. Y después, a algunos historiadores brasileños, como por ejemplo el profesor José Calazans, de Salvador, que probablemente es la persona viva que sabe más de Canudos, y quien podrá, quizá, escribir el libro definitivo sobre Canudos. Él también fue muy generoso conmigo cuando estuve en Bahía: me abrió su biblioteca. Bueno, a todo el mundo le expliqué que no estaba escribiendo una novela apegada a la historia, digamos, para mentir con conocimiento de causa [risas].
RAS: El mismo proceso que usted afirma haber utilizado en Historia de Mayta, ¿no es verdad?
MVLL: Así es, exactamente. Cuando estuve en Bahía, trabajé muchísimo en el Archivo Histórico, leyendo la prensa de la época; leí muchas tesis universitarias… Y finalmente, el último año de trabajo, lo pasé en Washington, en el Wilson Center, donde estuve como fellow, escribiendo La Guerra del Fin del Mundo. Y para mí la Biblioteca del Congreso, en Washington, fue algo importantísimo, porque allí conseguí cosas que no había encontrado en bibliotecas brasileñas. Recuerdo siempre un periódico que fue uno de los que influyó más en la opinión pública y la sociedad brasileña [contra Canudos], O Jacobino. Un periódico del que no encontré sino un ejemplar en Bahía. En la Biblioteca del Congreso tenían íntegra la colección y pude leerla en el Wilson Center en un microfilm, sin ningún problema. Es fantástica, realmente, la Biblioteca del Congreso. (Fragmento del libro Diálogos con Mario Vargas Llosa)

Mario Vargas Llosa en la Biblioteca Pública de Nueva York. Foto Morgana Vargas Llosa
La Biblioteca Pública de Nueva York
Para quien acostumbra trabajar en bibliotecas, como yo, la Public Library de Nueva York es un pequeño paraíso. Situada en la Quinta Avenida, entre las calles 41 y 42, el inmenso edificio decimonónico de sólidas columnatas, escaleras de mármol e inmensos, altísimos salones de lectura magníficamente iluminados, se asienta sobre una verdadera ciudad subterránea de varios pisos donde viven sus millones de libros, computarizados y preservados en cámaras de aire acondicionado que los defienden del calor, los insectos y la humedad.
Es una de las mejor provistas de Estados Unidos, después de la Biblioteca del Congreso y la de Harvard, y una de las más funcionales y eficientes en que me ha tocado trabajar. Uno de sus tesoros es la Colección Berg, donada por dos hermanos médicos, judíos de origen húngaro, gracias a los cuales la institución cuenta, entre otras maravillas, con la primera edición del Quijote, manuscritos de Dickens, de Henry James, de Whitman, prácticamente de todos los diarios y novelas de Virginia Woolf y del texto mecanografiado de Tierra Baldía de Eliot con las correcciones y comentarios hechos a mano por Ezra Pound.
Es también la biblioteca más ruidosa y trajinada del mundo, porque los turistas invaden las salas de lectura, tomando fotos y hablando en voz alta con total desfachatez. Pero uno termina por acostumbrarse a ese bullicio, como a una música de fondo. Aunque tiene el personal especializado necesario, la Public Library, como todas las instituciones culturales de Estados Unidos, funciona gracias a la ayuda de personas voluntarias, generalmente jubilados y principalmente mujeres, que ofrecen información y guía y ayudan a los usuarios a orientarse en el laberinto de sus instalaciones. A mí me conmueven mucho esas señoras, algunas muy ancianas, que están allí siempre a la hora y con la sonrisa en la cara, prestando ese servicio público. El voluntariado cívico es una institución anglosajona y sin ella ni Inglaterra ni Estados Unidos serían lo que son. (Fragmento del artículo de Mario Vargas Llosa “New York, New York”)
Referencias
La aventura del orden. Entrevista a Mario Vargas Llosa por Ángel Esteban y Raúl Cremades, publicado en Identidades, suplemento cultural del diario El Peruano, Lima, lunes 3 de julio de 2002.
“Mario Vargas Llosa: “Sin erotismo no hay gran literatura””. Publicado en Babelia Suplemento de El País de Madrid, Sábado 4 de agosto de 2001
Prólogo al libro de ensayos: “Carta de batalla por Tirant lo Blanc” / Mario Vargas Llosa. Alfaguara, 2008
Reseña del Discurso pronunciado por Mario Vargas Llosa en el Aniversario 75 del Instituto Iberoamericano de Berlín, en Octubre de 2005. Recuperado de Línea Capital . 13 de octubre. http://www.lineacapital.com.ar/?noticia=1414
Reseña del Discurso pronunciado por Mario Vargas Llosa en el Aniversario 75 del Instituto Iberoamericano de Berlín, en Octubre de 2005. Ellegiers, Sandra. Vargas evoca en Berlín sus andanzas por las bibliotecas del mundo. Publicado en El País 13 de octubre del 2005.
Setti, Ricardo A. Diálogos con Mario Vargas Llosa. Costa Rica: Cosmos, 1988.
Una biblioteca llamada VLL: Escritor inauguró casa de lectura y puso primera piedra para universidad. La República jueves 25 de marzo de 2010. p. 28 http://www.larepublica.pe/archive/all/larepublica/20100325/28/11/todos/11
Vargas Llosa inauguró biblioteca regional: Arequipa. Espacio lleva nombre del escritor. El Comercio, jueves 25 de marzo del 2010. p. a14. http://elcomercio.pe/impresa/notas/vargas-llosa-inauguro-biblioteca-regional/20100325/451717
Vargas Llosa, Mario. “New York, New York”, reproducido por la revista Mosaicos Nº 297, 22 de junio de 2008. Recuperado de: http://mosaico.prensa.com/history/2008/06/22/articulos/677.html
Vargas Llosa visita biblioteca con su nombre en Casa de la literatura. La República, miércoles 24 de febrero de 2010. http://www.larepublica.pe/politica/24/02/2010/vargas-llosa-visita-biblioteca-con-su-nombre-en-casa-de-la-literatura