Luis Freire Sarria
Un blog exige brevedad, pero cómo abreviar la oceánica muestra de afecto vertida por la comunidad de bibliotecarios nacionales sobre Juan Acevedo y su personaje Cholín, el perrito calato de polo celeste que ejerce la muy noble y libresca profesión de bibliotecario en la tira que habita todos los días en Perú 21 o para decirlo de otra manera, en su barrio de papel impreso.
No compro Perú 21 porque no me alcanza para más de un diario, por eso, cuando me llamaron para que escribiera una crónica sobre la solemne ordenación de Cholín como Bibliotecario Honorario, me vi en el compromiso de ocuparme de un personaje que no conocía. He seguido a Juan a través de muchos medios y trabajado con él en algunos emblemáticos como Monos y Monadas, El Idiota y el suplemento No de la revista Sí, es, además, una de las vigas centrales de El Perro Sulfúrico, ganadora del premio 2009 de novela del diario El Comercio. Lo diseñé combinando características personales del propio Juan y de Pobre Diablo, uno de los personajes que creó para Monos y Monadas. A pesar de todo ello, no sabía nada de Cholín. “Iré a conocerlo”, me dije.
El auditorio rebosaba de bibliotecarios. Supongo que todos allí lo eran, pero aunque no fueran así, aplaudían como tomos de quinientas páginas, que es como aplauden los bibliotecarios. La primera parte de la ceremonia estuvo dedicada a pasar revista al Juan Acevedo promotor de la lectura. Uno por uno, desfilaron el perro Humberto (precursor de la moda actual de vestir a las mascotas) y el Cuy (calato como corresponde), protagonistas de una mágica aventura del año 1982 con biblioteca y bibliotecaria de moño, cuello alto y nariz de institutriz de reglazo en la mano y chitón boca, que aquí nadie me habla. Si algo caracteriza el dibujo humorístico de Juan, es su calle y picardía para inventar soluciones narrativas que descuellan por su originalidad. Es allí donde alcanza sus más altas cotas de creatividad, donde su mano se vuelve más personal que en ningún otro género, es, diría yo, el Juan más Juan, aunque no sea totalmente Juan, porque ningún género de la narración gráfica le es ajeno, incluido el de la versión en historieta de obras literarias como Paco Yunque, de César Vallejo, otro de sus aportes a la difusión de la lectura que la ceremonia de ordenación de Cholín celebró con justicia.
Juan es consciente de la falta de oxígeno que ha impedido que la narración gráfica, tanto humorística como histórica, novelesca o de cualquier otro género, alcancen en el Perú el altísimo desarrollo que ha logrado en países como Argentina, por ejemplo. Por eso, no vaciló en abrir su enorme biblioteca de historietas el año 2004 para que la consultara quien quisiera, sin otro costo que un saludo para el propietario, que pasaba así a cumplir funciones de bibliotecario mayor informal y ad honorem. Eso sí, quien no saludaba, no leía. La biblioteca se cerró, pero Juan está queriendo reabrirla y esta vez con Cholín como bibliotecario titulado.
Pero veamos cómo obtuvo Cholín un título que le ha sido negado a personas de carne y hueso. Sucede que en la tira que publica Juan en Perú 21, el burrito Marianito, el del calzoncillo con candado, le pregunta a Cholín en qué trabaja y el calato con polo celeste no tiene mejor respuesta que revelar que es el bibliotecario del barrio, honrosa tarea que los bibliotecarios quisieron oficializar con el diploma correspondiente. Juan se encargó de recibirlo y agradecerlo en nombre de Cholín, quien por compromisos inmanejables no pudo estar presente.
El diploma le servirá a Cholín para administrar la biblioteca de su barrio con todas las de la ley, pero además, le permitirá encontrar otro trabajo si lo dejan en la calle. Lo que no puede hacer el diploma es sacarlo de la calle para meterlo en una casa y vaya que Cholín lo necesita, porque acaban de desalojarlo del cuartito que tenía en la tira. Un colega tan entrañable no podía quedarse a dormir sobre la vereda porque se lo cargaban los choros, si no las hormigas. Enterados de su desgracia, los bibliotecarios le construyeron una casita de libros en el patio de la Biblioteca Nacional. Es más, han asegurado que contratarán el camión para que Cholín embarque sus cositas y las mude a su nueva vivienda. Es una casita con techo a dos aguas y muchos colores, de sólidas paredes de enciclopedias de tapa dura y cálido interior como para que Cholín se sienta un príncipe de las letras, que eso y hasta más es un bibliotecario en el Perú.
De príncipes de las letras fue también el regalo con el que sorprendieron a Juan al cierre de la ceremonia: una tabla de Sarhua de unos dos metros de alto, con los principales personajes de sus historietas, a saber, el Cuy, Humberto, Piolita, Luchín, Cuto, Robin, la Araña No, el Achori, Tensiones, Pobre Diablo y tantos otros, pintados como si el mismísimo Juan fuese un sarhuino o sarhuense o como se diga que se les dice a los naturales de Sarhua, entreteniéndose con los pinceles sobre un tablón debidamente encalado de blanco. Qué mejor manera de dejar en claro que Cholín es profundamente peruano en una tabla de madera pintada como en otra, más chica, de papel impreso. Sarhua y Lima, el mismo Cholín, bibliotecario de nuestras entrañas.
Nota del editor sobre el autor, al estilo publicherri.
Luis Freire Sarria, dice la contratapa del libro El perro sulfúrico, obra ganadora del Premio de Novela Diario El Comercio: “es un escritor y periodista cuya firma es el humor, la síntesis y la fabulación, descontando el cuidado por la prosa“. A continuación algunas obras de Luis Freire:

Para contextualizar y ampliar la crónica de Luis Freire se pueden consultar además los siguientes posts y blogs:
- Cholín bibliotecario
- ¡Fue una fiesta!
- El diario del Cuy
- La Mula.pe