»
S
I
D
E
B
A
R
«
Literatos peruanos bibliotecarios
Apr 6th, 2010 by ocorzo

 

 

 

Orlando Corzo C. 

Abril en el Perú es el mes de las letras.

En abril nacieron y fallecieron, entre otros, el Inca Garcilaso de la Vega, César Vallejo, José Carlos Mariátegui, José Watanabe, Flora Tristán, Juan Gonzalo Rose, Abraham Valdelomar, Carlos Oquendo de Amat y José María Eguren.

Por eso, en abril, decidimos rescatar algunos nombres de literatos peruanos que han cumplido labores bibliotecarias.

El universo de las bibliotecas está hecho de letras, frecuentado y trabajado por hombres de letras. En sus ambientes, con estanterías llenas de libros y silenciosos salones de estudio, no sólo se refugian creadores y estudiosos de manera natural, como usuarios de sus servicios y colecciones, también han servido y sirven como centro de labores a diversas personalidades de la intelectualidad peruana.

No sólo han sido bibliotecarios en el Perú reconocidos intelectuales que ocuparon cargos de dirección de bibliotecas tan notables como las de la Universidad de San Marcos o de la Biblioteca Nacional del Perú, también intelectuales que poseen mayor reconocimiento por su obra de creación literaria que como bibliotecarios. 

La lista puede ser larga, por lo que sólo mencionaremos algunas personalidades por su trascendencia y unánime reconocimiento.

 

José María Eguren

José María Eguren

Ricardo Silva Santisteban (2002) afirma de Eguren: “Sin rimbombancias, con discreción, sin gestos, casi en silencio Eguren comenzó rica y madura la gran tradición poética peruana. Después de él, en nuestra poesía, todo se nos dio por añadidura”.

De acuerdo a Alberto Tauro del Pino: “Establecido su hogar en Barranco (1897), gustó transitar a pie el entonces arbolado camino hacia Lima, observando el vuelo y el leve canto de las aves, trazando apuntes que desarrollaría en óleos y acuarelas, o ejercitando sus aficiones fotográficas en una cámara de su invención mediante la cual obtenía placas de un centímetro cuadrado. Debido a un quebranto del patrimonio familiar hubo de prestar sus servicios en la Biblioteca del Ministerio de Educación Pública (1931-1940) y luego en la del Museo Nacional de Arqueología.

 

César Vallejo brindando en noche de navidad en París

César Vallejo brindando en noche de navidad en París

César Vallejo

En marzo de 1913 retorna a estudiar Letras en la Universidad de Trujillo, y, al mismo tiempo, consigue una plaza de profesor en el Centro Escolar de Varones 241. Inicia la publicación de poemas en la revista Cultura Infantil (“Fosforescencia”, “Transpiración vegetal”, en 1913; “Fusión”, en 1914).

Es nombrado bibliotecario de la “Sociedad de Preceptores” de Trujillo. A los pocos meses es secretario de la misma, mientras en la biblioteca continúa saciando su pasión por la lectura.

Se vincula muy activamente a la joven intelectualidad trujillana en la que destacan nombres tales como Antenor Orrego y Víctor Raúl Haya de la Torre. Constituyen el grupo “El Norte”. (Cronología biográfica de Vallejo)

César Vallejo y Manuel Gonzáles Prada

César Vallejo publicó el 9 de marzo de 1918 en La Reforma de Trujillo el artículo titulado “Con Manuel Gonzáles Prada”, a la sazón Director de la Biblioteca Nacional y de quien Vallejo fuera gran admirador. A continuación, una cita textual del mencionado artículo:

El salón de lectura de la Biblioteca, como siempre, concurridísimo.
Su paz abstractiva. Una que otra mano fojea impaciente. Los pasos morosos de algún conservador, buscando en los estantes. Oleos de peruanos ilustres en los muros se lastiman con la luz de los viejos ventanales.
Pasamos. En la sala de la dirección. Desde una fina actitud acogedora y sentado en el sofá ligeramente, como auscultando el momento espiritual, el maestro deja caer palabras que nunca soñé escuchar.
 

 

Carlos Germán Belli

Carlos Germán Belli

Carlos Germán Belli

El trabajo de bibliotecario desarrollado por Carlos Germán Belli es relatado por el propio poeta: “Yo tenía 18 años y mi madre consigue el apoyo de José Gálvez, entonces presidente del Senado, y de Alcides Spelucín, ambos poetas, y entro al Senado, a la biblioteca, muy feliz. Pero mi vocación secreta literaria hizo que terminara en el último puesto del escalafón. Era un mal pequeño funcionario. Me escapaba a la Biblioteca Nacional a leer a mis poetas preferidos”. (Robot sublunar, 2009)
“Fue grato cuando comencé a trabajar en la biblioteca del Senado, pero luego pasé a otras oficinas. Terminé haciendo copias, trabajo de amanuense. Fue por mi culpa, pues me escapaba a la Biblioteca Nacional para leer la Colección Rivadeneira de la Biblioteca de Autores Españoles. Por ello, lógicamente, en mi carrera administrativa quedé en la zaga”. (El dedo en la llaga, 2008)

 

Tumba de Oquendo de Amat

Arturo Corcuera, Galvarino Plaza, Antonio Cilloniz y Jorge Pimentel ante tumba de Carlos Oquendo de Amat. Navacerrada, España, 1973

Carlos Oquendo de Amat: una anécdota

Oquendo de Amat se encontraba en la miseria y requería la ayuda de amigos para sobrevivir. Xavier Abril, un amigo poeta que conoció en la biblioteca de San Marcos le presentó a Manuel Beingolea, escritor, autor de “Entre las lilas”, que laborara como Director de la Biblioteca de la Cámara de Senadores entre los años 1930 a 1946.
Beingolea, durante años, solventaría en parte las necesidades alimenticias de Oquendo de Amat.
Al respecto María Ángeles Vásquez recoge una anécdota narrada por Mendech Dorich:

tras meses de proporcionarle dinero y alimentos, llegó un día en el que el viejo y bondadoso escritor no estuvo en condiciones de hacerlo y a la salida de su trabajo, en la biblioteca del Senado, no atinó sino a comprar dos chancays y dos pepinos y cuando encontró a Oquendo, que lo esperaba en un bar cercano, le dijo mostrándole una libretita que sacó del bolsillo: -Son apuntes de mis gastos mensuales. Te los voy a leer: gasto de casa 300 soles, lavado 25 soles, ropa 100 soles, putas 80 soles, Oquendo 195 soles, lo que hace un total de 700 soles; yo gano 650, de modo que tengo que robar 50 para cubrir mi presupuesto y además tengo que gorrear el tranvía para movilizarme. Como tú comprenderás, hay que resolver esta clamorosa situación. Tu lunch en adelante habrá de ser de una franciscana frugalidad …- A lo que Oquendo respondió con una vocecilla de falsete: -Eres injusto Manuel, pero no me dejas otra alternativa y no tengo más remedio que aceptar-”.

 Ciertamente la lista de literatos peruanos que han desarrollado labor bibliotecaria no se limita a los anteriormente mencionados, quedan en el tintero menciones imprescindibles como la del poeta arequipeño, César “Atahualpa” Rodríguez, quien trabajó muchos años en la Biblioteca Municipal de Arequipa, de la que fuera su director, desde 1916 hasta su jubilación el año 1955.

Y una mención que no se puede omitir es la del representante del vanguardismo literario andino, Gamaliel Churata (Arturo Pablo Peralta Miranda), quien fuera Director de la Biblioteca Municipal de Puno entre los años 1923 y 1932. Hoy, la Biblioteca Municipal de Puno lleva su nombre.

Para finalizar, por el puro placer de saborear poesía, un poema de Jorge Eduardo Eielson dedicado al libro:

Los libros que prefiero no son de papel
Sino de yerba de madera
De alabastro de misteriosas materias
Que quizás no existen
Antiguos libros de piedra
Grabados por la sangre y el sollozo
Escritos por la lluvia
Y por los siglos que ya nadie lee
Ni conoce. Pero mi libro predilecto
No es de cristal ni de hulla
Sino de carne y hueso tiene páginas
De seda como tus mejillas
Y es sagrado 

 

Referencias

Cronología biográfica de César Vallejo. Cuadernos Hispanoamericanos 456 – 57, junio- julio 1988.  Homenaje a César Vallejo Vol II Recuperado de http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/02405065325140497976613/210305_0133.pdf

Eguren, José María. Enciclopedia Ilustrada del Perú/ Alberto Tauro del Pino, 3ª ed., Lima: Peisa, 2001, p. 881

El dedo en la llaga. Entrevista a Carlos Germán Belli por Jorge Coahuila. Martes 22 de julio de 2008. Recuperado de: http://jcoaguila.blogspot.com/2008/07/entrevista-carlos-germn-belli-2008.html  [Visitado el 30 de julio de 2009].

Robot sublunar: vivo entre diccionarios y navego en Internet. Una entrevista a Carlos Germán Belli por Abelardo Sánchez León y Martín Paredes. Lima: Quehacer Nº 173 enero-marzo 2009. pp 90 - 99
Recuperado de: http://www.desco.org.pe/apc-aa-files/6172746963756c6f735f5f5f5f5f5f5f/robot_sublunar.pdf

Silva Santisteban, Ricardo. La poesía de José María Eguren: modernismo y modernidad. Lima: Boletín de la Academia Peruana de la Lengua 35, 2002, pp 47-66. Recuperado de: http://academiaperuanadelalengua.org/academicos/silva/eguren

Vázquez, Mª Angeles. Carlos Oquendo: tan pálido, tan triste. Recuperado de: http://personal.redestb.es/dalanar/1_0/afondo/m_tanp.htm

Mario Vargas Llosa y las bibliotecas
Mar 25th, 2010 by ocorzo

 

Orlando Corzo C.

Uno de los mayores honores y reconocimientos que se puede rendir a los intelectuales es denominar a las bibliotecas con su nombre.

Inauguración de Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa de Arequipa. 24 marzo 2010

Inauguración de Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa de Arequipa. 24 marzo 2010

El 24 de marzo del 2010 se inauguró en Arequipa la biblioteca regional Mario Vargas Llosa por parte de Gobierno Regional de Arequipa. Anteriormente, en febrero del 2008 se creó el Instituto Mario Vargas Llosa en Piura, sin olvidar que la biblioteca de la recientemente creada Casa de la Literatura, ubicada en la antigua estación de Desamparados, lleva el nombre de nuestro más laureado escritor.

Biblioteca Mario Vargas LLosa de la Casa de la Literatura - Lima

Biblioteca Mario Vargas LLosa de la Casa de la Literatura - Lima

Biblioteca Vargas Llosa del Instituto Cervantes de Berlín. Foto Patricia Sevilla

Biblioteca Vargas Llosa del Instituto Cervantes de Berlín. Foto Patricia Sevilla

Biblioteca Vargas Llosa dela Municipalidad de La Solana, España

Biblioteca Vargas Llosa dela Municipalidad de La Solana, España

No sólo en el Perú se denominan bibliotecas con su nombre, por mencionar algunos ejemplos tenemos a la biblioteca del Instituto Cervantes de Berlín y la biblioteca municipal de La Solana en España.

Mario Vargas Llosa tiene una larga y entrañable relación con las bibliotecas. Las bibliotecas están presentes en sus lecturas iniciales para definir su vocación de escritor, son también lugar de trabajo en todo el mundo, bibliotecas que lo maravillan y acogen por largas temporadas mientras lee, investiga y escribe sus libros, y; como para no sorprenderse, también laboró un tiempo en una biblioteca peruana, catalogando libros en la biblioteca del Club Nacional, trabajo encargado por el maestro Raúl Porras Barrenechea, quien era miembro del directorio del Club con el encargo de la biblioteca.
Por su oficio, no es de extrañar que su casa de Barranco albergue una biblioteca con alrededor de 18.000 libros.

El nombrar bibliotecas, salas de lectura y casas de cultura con el nombre de Mario Vargas Llosa hace justicia a un intelectual cuya vida ligada a los libros, la lectura y las bibliotecas se puede constatar en varios pasajes de su biografía.

A continuación una apretada selección de escritos de Mario Vargas Llosa en el que se encuentran descripciones referidas a su relación con las bibliotecas.

Mario Vargas Llosa en la biblioteca Miguel Cané donde trabajó Jorge Luis Borges

Mario Vargas Llosa en la biblioteca Miguel Cané donde trabajó Jorge Luis Borges

Vargas Llosa y sus andanzas por las Bibliotecas del mundo

Una biblioteca tiene una múltiple función y puede enriquecer la vida de los seres humanos en una vida que hoy es rutinaria. Basta con estar en una biblioteca para que la vida se convierta en aventura absolutamente vital.
El tiempo no corre en la biblioteca del mismo modo que fuera de ella. Allí, el tiempo es una materia que circula. El pasado, presente y futuro coexisten. Es, además, un lugar que nos permite viajar, trasladarnos a otros mundos.

Una buena biblioteca es más que un archivo de libros. Es también un lugar donde soñar y fantasear. Es en sí un objeto mágico como ese Aleph que figura en los cuentos de Borges. Ese pequeño Aleph en el que está representado el universo.

La biblioteca favorita de Vargas Llosa, aquel lugar de estímulo para la fantasía e imaginación donde escribió la mayoría de sus libros y que enriqueció su propia condición de ser humano, era la desaparecida British Library, con su cúpula, su olor a cuero y a papel y el ruidito de las carrocitas que llevaban los libros, que ha sido sustituida por un edificio que, según el escritor, se lleva el récord como la biblioteca más fea del mundo.
De la Biblioteca Nacional de Madrid, que conoció como estudiante en la época del franquismo, recordó que no tenía calefacción y que en invierno había que leer a veces con guantes y, además, el detalle curioso de que para poder leer una novela de caballería había que conseguir una autorización arzobispal.
Alguien había logrado crear la idea de que las novelas de caballería eran peligrosas para la salud espiritual de los lectores y entonces había que conseguir recomendaciones de profesores para lograr después la autorización del arzobispo, recordó Vargas Llosa, que reconoció que esas complicaciones le daban un morbo adicional a la lectura.
El escritor peruano también recordó la vieja biblioteca de la Place Larrouse en París, que fue reemplazada por la Biblioteca Francois Mitterand, a la que Vargas Llosa describió como obra de arquitectos sin duda muy destacados y originales, pero sin ninguna experiencia como lectores. (Fragmentos de reseñas publicadas en diarios del Discurso pronunciado por Mario Vargas Llosa en el Aniversario 75 del Instituto Iberoamericano de Berlín, en Octubre de 2005.)

 

La Biblioteca de San Marcos

En aquella aula de la vieja San Marcos —era el año 1953 o 1954— el profesor de Literatura Española del Siglo de Oro despachó una rápida diatriba contra las novelas de caballerías que —averigüé después— había tomado de Menéndez y Pelayo. El espíritu de contradicción con que he nacido me llevó a la añosa biblioteca llena de telarañas de la casona sanmarquina y el azar, o Dios, si existe, puso en mis manos la edición del Tirant lo Blanc de Joanot Martorell publicada por Martí de Riquer en 1947.
Leer ese libro fue una aventura que, creo, cambió para siempre la vida del furioso lector que ya era y del escritor que soñaba con ser.
No sólo gocé sumido en las épicas, risueñas, disparatadas, sensuales y delirantes hazañas de Tirant y su corte. También, gracias a ellas, descubrí esa vocación proliferante y deicida de la novela, su irresistible propensión a crecer y multiplicarse, enfrentando al mundo, a la vida, a la historia una réplica de imaginación y de palabras que los imita a la vez que los niega, que desafía a Dios, rehaciendo —corrigiendo, mejorando o empeorando— la realidad que creó. (Fragmento del Prólogo al libro de ensayos: “Carta de batalla por Tirant lo Blanc”)

 

Mario Vargas Llosa en biblioteca de su casa de Barranco luciendo traje de papel reciclado
Mario Vargas Llosa en biblioteca de su casa de Barranco luciendo traje de papel reciclado

La Biblioteca del Club Nacional

Descubrí la literatura erótica cuando era estudiante universitario, de una manera casual. Conseguí un trabajo de ayudante de bibliotecario de un club social de Lima muy activo, el Club Nacional, el de la gente rica. Mi maestro de historia era el bibliotecario de ese club y me contrató como ayudante. Mi labor consistía en ir dos horas al día a fichar los libros que se adquirían. En esa época ya no se hacían muchas adquisiciones, así es que yo aprovechaba esas horas leyendo los libros de la biblioteca del club, que en el pasado había adquirido libros eróticos de gran calidad. Tenían la colección completa de Les Maîtres de lAmour (los maestros del amor), una colección que dirigió en Francia Apollinaire, con muchos libros prologados por él mismo, a veces de una manera muy erudita, siempre muy irónica. Allí descubrí la tradición erótica al más alto nivel literario: Sade, Restif de la Bretonne, John Cleland, el autor de Fanny Hill, Sacher-Masoch, Casanova, por supuesto, allí estaban los tres tomos de sus memorias… Estaban todos. Durante un tiempo, y de una forma un tanto inocente, pensé que ahí estaba la verdadera revolución, que en ese tipo de literatura se estaba gestando una transformación profunda de la sociedad, de la moral, del individuo. Era una idea bastante ingenua de los poderes de la literatura erótica. Descubrí, no obstante, una veta riquísima. Había, por ejemplo, unos tomos con una selección de los cuentos más eróticos de Las mil y una noches. La colección era muy interesante, porque reunía grandes textos eróticos y además daba una perspectiva erótica para acercarse a la literatura en general.

Durante un tiempo leí esos libros con gran pasión. Después supongo que descubrí su gran limitación: la monotonía. La relación sexual enriquece extraordinariamente la vida, pero es limitada. Por más inteligencia que se ponga en renovarla, siempre transcurre en un marco determinado. Y eso da a los textos que son sólo eróticos una gran monotonía, los hace caer en la rutina de lo previsible. Por eso el mejor erotismo es el que aparece en obras que no son sólo eróticas, aquellas en las que lo erótico es un ingrediente dentro de un mundo diverso y complejo. Y eso nos lleva, de nuevo, a la gran literatura. De ahí que pueda decirse que sin erotismo raramente hay gran literatura. Y al revés, una literatura que es sólo erótica difícilmente llega a ser grande. (Fragmento de “Mario Vargas Llosa: “Sin erotismo no hay gran literatura””)

 

Mario Vargas Llosa en Biblioteca de su casa en Barranco

Mario Vargas Llosa en Biblioteca de su casa en Barranco

La Biblioteca como lugar de trabajo

En Londres suelo trabajar en casa, por lo menos medio día, hasta las dos de la tarde. En las tardes voy a la biblioteca, a veces a la British Library (que es muy grande y tiene una fantástica colección), a veces a la London Library (algo más pequeña, privada, pero muy bien ubicada en el centro). Trabajo en bibliotecas desde que era estudiante. Allí voy a leer, investigar, pero también a escribir, para cambiar de ambiente, y porque en las bibliotecas hay silencio, una privacidad que se respeta y una atmósfera estimulante. Pero también hago un horario parecido en otros sitios en que vivo, como París, Madrid o Lima. De lunes a sábado escribo la novela en que estoy trabajando en ese momento y los domingos los dedico a los artículos.
Suelo cumplir un horario estricto: me levanto muy temprano, leo por la mañana una hora, luego hago algo de ejercicio, voy a caminar con mi mujer más o menos una hora en el parque, luego leo periódicos, pues me interesa saber qué pasa en el mundo. A continuación trabajo de corrido hasta las seis o las siete de la noche, y nunca escribo más tarde de esa hora. Trabajo arriba en mi escritorio, allí tengo muchos libros. En las bibliotecas no tengo lugar fijo, ocupo el que me dejan libre, pero no me importa. En la London Library hay algunos sitios más cómodos, unos sillones con tablero, pero son los más solicitados y siempre están ocupados desde que se abre la biblioteca por unos viejecitos muy simpáticos. (Fragmento de “La aventura del orden”.)

Mario Vargas Llosa firmando libros en la Feria de libreros populares Amazonas

Mario Vargas Llosa firmando libros en la Feria de libreros populares Amazonas

La Guerra del fin del Mundo y las bibliotecas

RAS: ¿Qué tipo de material llegaba hasta usted?
MVLL: Creo haber leído prácticamente todo lo que se ha escrito sobre Canudos. Al principio, era muy difícil conseguir los materiales, pero tuve ayuda de gente que usted no se imagina. Uno de ellos fue Alfredo Machado [presidente de la editora brasileña Record], por ejemplo. Usted no sabe el trabajo que Alfredo Machado, que ni siquiera es mi editor, se tomó para ayudarme. Mandó hacer copiar centenares de páginas de artículos, a veces libros enteros, que solamente estaban en bibliotecas de Brasil, y me las hizo llegar. También estoy inmensamente agradecido a una gran amiga mía brasileña, que es Nélida Piñon, quien también me ayudó de una manera extraordinaria. Y después, a algunos historiadores brasileños, como por ejemplo el profesor José Calazans, de Salvador, que probablemente es la persona viva que sabe más de Canudos, y quien podrá, quizá, escribir el libro definitivo sobre Canudos. Él también fue muy generoso conmigo cuando estuve en Bahía: me abrió su biblioteca. Bueno, a todo el mundo le expliqué que no estaba escribiendo una novela apegada a la historia, digamos, para mentir con conocimiento de causa [risas].

RAS: El mismo proceso que usted afirma haber utilizado en Historia de Mayta, ¿no es verdad?

MVLL: Así es, exactamente. Cuando estuve en Bahía, trabajé muchísimo en el Archivo Histórico, leyendo la prensa de la época; leí muchas tesis universitarias… Y finalmente, el último año de trabajo, lo pasé en Washington, en el Wilson Center, donde estuve como fellow, escribiendo La Guerra del Fin del Mundo. Y para mí la Biblioteca del Congreso, en Washington, fue algo importantísimo, porque allí conseguí cosas que no había encontrado en bibliotecas brasileñas. Recuerdo siempre un periódico que fue uno de los que influyó más en la opinión pública y la sociedad brasileña [contra Canudos], O Jacobino. Un periódico del que no encontré sino un ejemplar en Bahía. En la Biblioteca del Congreso tenían íntegra la colección y pude leerla en el Wilson Center en un microfilm, sin ningún problema. Es fantástica, realmente, la Biblioteca del Congreso. (Fragmento del libro Diálogos con Mario Vargas Llosa)

Mario Vargas Llosa en la Biblioteca Pública de Nueva York. Foto Morgana Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa en la Biblioteca Pública de Nueva York. Foto Morgana Vargas Llosa

La Biblioteca Pública de Nueva York

Para quien acostumbra trabajar en bibliotecas, como yo, la Public Library de Nueva York es un pequeño paraíso. Situada en la Quinta Avenida, entre las calles 41 y 42, el inmenso edificio decimonónico de sólidas columnatas, escaleras de mármol e inmensos, altísimos salones de lectura magníficamente iluminados, se asienta sobre una verdadera ciudad subterránea de varios pisos donde viven sus millones de libros, computarizados y preservados en cámaras de aire acondicionado que los defienden del calor, los insectos y la humedad.

Es una de las mejor provistas de Estados Unidos, después de la Biblioteca del Congreso y la de Harvard, y una de las más funcionales y eficientes en que me ha tocado trabajar. Uno de sus tesoros es la Colección Berg, donada por dos hermanos médicos, judíos de origen húngaro, gracias a los cuales la institución cuenta, entre otras maravillas, con la primera edición del Quijote, manuscritos de Dickens, de Henry James, de Whitman, prácticamente de todos los diarios y novelas de Virginia Woolf y del texto mecanografiado de Tierra Baldía de Eliot con las correcciones y comentarios hechos a mano por Ezra Pound.
Es también la biblioteca más ruidosa y trajinada del mundo, porque los turistas invaden las salas de lectura, tomando fotos y hablando en voz alta con total desfachatez. Pero uno termina por acostumbrarse a ese bullicio, como a una música de fondo. Aunque tiene el personal especializado necesario, la Public Library, como todas las instituciones culturales de Estados Unidos, funciona gracias a la ayuda de personas voluntarias, generalmente jubilados y principalmente mujeres, que ofrecen información y guía y ayudan a los usuarios a orientarse en el laberinto de sus instalaciones. A mí me conmueven mucho esas señoras, algunas muy ancianas, que están allí siempre a la hora y con la sonrisa en la cara, prestando ese servicio público. El voluntariado cívico es una institución anglosajona y sin ella ni Inglaterra ni Estados Unidos serían lo que son. (Fragmento del artículo de Mario Vargas Llosa “New York, New York”)

 Referencias

La aventura del orden. Entrevista a Mario Vargas Llosa por Ángel Esteban y Raúl Cremades, publicado en Identidades, suplemento cultural del diario El Peruano, Lima, lunes 3 de julio de 2002.

“Mario Vargas Llosa: “Sin erotismo no hay gran literatura””. Publicado en Babelia Suplemento de El País de Madrid, Sábado 4 de agosto de 2001

Prólogo al libro de ensayos: “Carta de batalla por Tirant lo Blanc” / Mario Vargas Llosa. Alfaguara, 2008

Reseña del Discurso pronunciado por Mario Vargas Llosa en el Aniversario 75 del Instituto Iberoamericano de Berlín, en Octubre de 2005. Recuperado de  Línea Capital . 13 de octubre. http://www.lineacapital.com.ar/?noticia=1414

Reseña del Discurso pronunciado por Mario Vargas Llosa en el Aniversario 75 del Instituto Iberoamericano de Berlín, en Octubre de 2005.  Ellegiers, Sandra. Vargas evoca en Berlín sus andanzas por las bibliotecas del mundo. Publicado en El País 13 de octubre del 2005. 

Setti, Ricardo A. Diálogos con Mario Vargas Llosa. Costa Rica: Cosmos, 1988.

Una biblioteca llamada VLL: Escritor inauguró casa de lectura y puso primera piedra para universidad. La República jueves 25 de marzo de 2010. p. 28  http://www.larepublica.pe/archive/all/larepublica/20100325/28/11/todos/11

Vargas Llosa inauguró biblioteca regional: Arequipa. Espacio lleva nombre del escritor. El Comercio, jueves 25 de marzo del 2010. p. a14. http://elcomercio.pe/impresa/notas/vargas-llosa-inauguro-biblioteca-regional/20100325/451717

Vargas Llosa, Mario. “New York, New York”, reproducido por la revista Mosaicos Nº 297, 22 de junio de 2008. Recuperado de: http://mosaico.prensa.com/history/2008/06/22/articulos/677.html

Vargas Llosa visita biblioteca con su nombre en Casa de la literatura. La República, miércoles 24 de febrero de 2010. http://www.larepublica.pe/politica/24/02/2010/vargas-llosa-visita-biblioteca-con-su-nombre-en-casa-de-la-literatura

 

 

»  Substance: WordPress   »  Style: Ahren Ahimsa