Nota del editor:
En estos meses de vacaciones, bajo el encabezado: “Post de verano”, se presentan diversos acercamientos a documentos relacionados al libro, la lectura y las bibliotecas, aún cuando no correspondan al ámbito peruano.
Para Hugo, mi hijo, a quien quiero un montón.
Hace poco, conversando con una querida amiga que fuera nuestra profesora en la universidad, nos decía que no le atraía leer en la computadora y que prefería mil veces leer en formato libro. “Es que no es nativa digital”, le dije medio en broma medio en serio, reconociéndome de inmediato como “inmigrante digital”, de acuerdo a la jerga de los tiempos.
A continuación, para evitar entrar en disquisiciones ajenas a las vacaciones, un recopilatorio de lo que considero los mejores spots televisivos para impulsar campañas de promoción de la lectura. ¿El criterio de selección?: los que quiero compartir con mis hijos, por imaginativos, divertidos y bien logrados visualmente.
Después de los videos, si quieren, pueden leer unas líneas sobre la recomendación de un documento que aborda el estudio de políticas de promoción de la lectura en la región.
Bonus
Recomendamos la lectura de:
Organización de Estados Iberoamericanos. Políticas educativas de promoción de la lectura y escritura en Iberoamerica: Informe final. Madrid: OEI, 2006. Recuperado de:
http://www.oei.es/fomentolectura/informe_politicas_educativas_promocion_lectura_escritura_iberoamerica.pdf. [Visitado el 10 de enero del 2010]
El documento, que puede ser consultado en texto completo, es un estudio que aborda las políticas de promoción de la lectura en la región iberoamericana. En su desarrollo se encuentra un primer capítulo titulado: Elementos para un marco conceptual, que es importante para entender el contexto y desarrollo de las campañas de fomento a la lectura. Por ejemplo, permite entender que las campañas desarrolladas se plantean desde la cultura letrada para transmitir la cultura escrita en un entorno que experimenta nuevos tipos de lecturas obligando a desarrollar conceptos de nuevos tipo de alfabetización.
Somos los adultos quienes estamos diseñando los programas de promoción de lectura, sin tomar en cuenta consideraciones importantes como las siguientes:
Al mismo tiempo, debe advertirse que para los niños y niñas son tan nuevos estos fenómenos de la cultura digital como los de la cultura alfabética; los niños y niñas son “los nuevos” de nuestra especie y, en ese sentido, su ingreso en el mundo de las representaciones culturales no sigue la secuencia que los adultos hemos atravesado en nuestras trayectorias personales; nosotros hemos ingresado hace tiempo en la cultura alfabética, y más recientemente en la digital, mientras que para los niños “la fragmentación, la rapidez, la asociación de varios códigos de representación, la posibilidad de enlace, la interactividad, etc., son mecanismos presentes desde el inicio de su acceso a la lectura” (Colomer, 2002b:284, citado en OEI, 2006, p. 14)
Las políticas de promoción de la lectura se justifican en la idea que la lectura es una práctica en crisis que requiere animación o promoción. Ante esta premisa no faltan quienes cuestionan esta idea resaltando que como nunca antes en la historia de la humanidad, en el siglo XX, se ha producido una notable expansión de generación y difusión de información que se expresa en el número de documentos, fuentes y formas de acceso, como en número de letrados y alfabetizados.
La crisis de la lectura se refiere entonces, por un lado, al relacionamiento débil de sectores de la sociedad escolarizada con la cultura escrita, y, por otro lado, al escenario de la modernidad tecnológica que estaría produciendo una profunda reorganización de los modelos de consumo y del modo de empleo del tiempo libre (Gómez Soto, 2002, citado en OEI, 2006).
Parafraseando siempre al informe del OEI, como los jóvenes ya no se distraen ni entretienen con la lectura de libros y se advierte un incremento de la oralidad a través del uso de teléfonos celulares y redes sociales en la red; la reacción del grupo de letrados alfabetizados es iniciar o propiciar programas de lectura que buscan mantener como lectores, en especial como lectores de libros, a niños y jóvenes a los que los profundos cambios culturales traccionan hacia otras formas de relación con la lectura y la escritura.
Los planes de promoción de la lectura se encontrarían entonces impregnados de una cultura textual. El problema es que como humanidad hemos transitado un periodo breve de cultura alfabética, casi exclusivamente escolarizada, y en un lapso menos breve hemos transitado a otra cultura de tipo audiovisual.
Como intermediadores: ¿Qué tipo de lectura debemos promover?
Pero este es un post de verano y no está para entrar en reflexiones que, aunque interesantes y necesarias, requieren otro espacio, quizás otro formato y extensión.